¿Te gustan las historias de miedo? Estas son algunas de las leyendas en Guadalajara, ideales para leerlas en Día de Muertos. 
 
 
 
El reloj de la muerte
En la fachada del Hospicio Cabañas estuvo instalado uno de los primeros relojes que hubo en Guadalajara. 
La novedad se convirtió en miedo cuando el reloj empezó a fallar y se detenía sin explicación, para volver a funcionar pasado un rato. Las monjas del Hospicio descubrieron que cada que el reloj se detenía, un niño moría. 
 
Bautizado como el Reloj de la Muerte, fue quitado de la fachada del Hospicio Cabañas en 1952, ante el miedo que causaba. 
 
 
La tumba de “Nachito”
Otra historia que seguro te gustará es la de un niño al que llamaban “Nachito”.
Ignacio Torres Altamirano le tenía pavor a la oscuridad y a los lugares encerrados. Cuenta la leyenda que el niño debía dormir con la luz encendida y las ventanas abiertas. Murió a los 5 años y fue enterrado en el Panteón de Belén, en 1882.
Al día siguiente, el velador del panteón encontró el ataúd fuera de la tumba, por lo que volvió a enterrarlo. Lo mismo pasó durante varios días, hasta que los papás consideraron que se trataba de un mensaje de su hijo, para decirles que tenía miedo de estar en la oscuridad. Así que adaptaron la tumba y dejaron el ataúd por fuera, para que el niño pudiera descansar en paz.
Ahora los visitantes dejan juguetes en el lugar y hay quienes dicen que “Nachito” les ha hecho bromas, que los juguetes se mueven solos o que se escucha la voz del niño en el panteón. ¿Te animas a visitarlo en este Día de Muertos?
 
 
El árbol del vampiro
Otra historia del Panteón de Belén es la del árbol del vampiro. Cuentan que hace muchos años llegó a Guadalajara un hombre misterioso, pues siempre estaba vestido de negro y solo salía a la calle por las noches. Su llegada coincidió con la aparición de animales y jóvenes muertos, con dos pequeñas marcas en el cuello. Esto generó el rumor de que había un vampiro en la ciudad.
Los vecinos sospecharon del hombre misterioso, por lo que le tendieron una trampa y lo mataron clavándole una estaca en el pecho. Lo enterraron en el Panteón de Belén, con varias lápidas pesadas sobre la tumba, para evitar que el vampiro escapara. La leyenda dice que la estaca se convirtió en un árbol, que comenzó a romper las lápidas. Se cree que cuando el árbol termine de quebrarlas, el vampiro saldrá y cobrará venganza. 
 
 
El templo de Teocaltiche
El Santuario de Teocaltiche es uno de los pocos templos con autorización para hacer exorcismos. En el piso debajo de la cúpula principal está la estrella para realizar los ritos. En este Día de Muertos te contamos que, según la leyenda, al terminar de dar su sermón, un sacerdote se quedó helado al ver, parado sobre la estrella, a un espíritu maligno que lo observaba con expresión de furia. Sin embargo, el cura terminó la misa y el espectro desapareció. Otra historia cuenta que, al morir, un Padre exorcista, llamado Lucas López Fonseca, fue enterrado en las catacumbas de un templo. Pero su espíritu se le aparece a otro sacerdote, también exorcista, para pedirle que lo saque de ahí, pues los demonios lo atormentan.

El puente del diablo

Sobre la historia del puente del diablo hay distintas versiones. Una cuenta que un hombre, que vivía en Puente Grande, estaba enamorado de una mujer de Zapotlanejo, pero los poblados estaban separados por un río y era difícil pasar de un lugar a otro. Una noche, el triste hombre hizo un pacto con el diablo: él le daría su alma si el demonio lograba construir por completo el puente antes del amanecer. 

La enamorada se enteró del pacto del hombre y, para salvarlo, salió al patio de su casa y comenzó a imitar el canto de un gallo. Lo hizo tan bien que otros gallos comenzaron a imitarla. Fue tal la fuerza del cacaraqueo, que suele anunciar el amanecer, que el diablo dio por perdido el pacto y se fue del lugar cuando faltaba solo una piedra para terminar el puente. Según la leyenda, cuando alguien quiere colocar la última piedra, esta siempre se cae. 


¿Cuál es tu historia favorita del Día de Muertos?