Arquitectura religiosa: un paseo por las iglesias de Jalisco 
 
Latinoamérica y especialmente México, cuentan con una tradición de arquitectura religiosa única y robusta. Entre las iglesias de Jalisco destaca el barroco pero también hay joyas de otros estilos, como el gótico.
 
Decir que Jalisco es México no es una exageración, y es que, la cuna de las tradiciones y el ADN la mexicanidad están en la tierra del son y del mariachi, de la charrería, el tequila y el folklore, donde los cristeros enfrentaron al gobierno federal en una guerra sangrienta que ocurrió a fines de los años veinte y donde la mística del poder religioso y la fe quedó plasmada en las iglesias.
 
Guadalajara, la capital, es naturalmente el centro de este tipo de arquitectura, con su Catedral Metropolitana de estilo ecléctico, cuyas torres neogóticas de mosaico amarillo son únicas y se han vuelto emblema de la ciudad. La historia de estas torres es confusa, naturalmente, y se pierde entre el mito y la realidad, una de las versiones indica que el obispo Fray Pedro de Ayala vio un dibujo de una catedral en un platón, se trataba de un edificio imaginario con torres amarillas que le encantó y del retrato de un pintor desconocido se basa el edificio más emblemático de Jalisco. La catedral alberga a Santa Inocencia, una doncella Romana, quién hace más de 300 años fue bautizada en secreto y martirizada y cuya piel no se degrada por el tiempo. Un paseo al interior de la Catedral es un viaje por la mística del colonialismo español.
 
El Templo Expiatorio del Santísimo Sacramento es una de las perlas del neogótico.
El edificio fue ideado por Adamo Boari, el arquitecto predilecto del Porfiriato y terminado por Ignacio Díaz Morales, uno de los hijos ilustres de Jalisco, que usó técnicas de época para respetar el sentido. Los resultados son únicos y hermosos, un gótico que si bien no es gigantesco, si guarda la dimensión de lo divino en su exterior e interior y cuenta incluso con un reloj en su campanario del que surgen, varias veces al día, pequeñas figuras al ritmo de distintas piezas musicales.
 
El epicentro de la fe, para Jalisco, a pesar de lo que pueda intuirse, no se encuentra ni en su Catedral ni en su capital, sino en San Juan de los Lagos, una ciudad ubicada a una hora y media de Guadalajara y cuyo turismo religioso y peregrinación anual sólo son eclipsadas por aquella de la Basílica de Guadalupe.
 
Todo en San Juan de los Lagos gira en torno a su Virgen y sus devotos, la industria de la parafernalia religiosa, las velas y los exvotos son en sí mismos motivos de visita y sorpresa. La hotelería de la pequeña ciudad es robusta por las mismas razones y se cuenta con opciones de alojamiento para todos los precios y todos los gustos. 
 
La iglesia es sin duda una de las más bellas de México, con su planta de cruz latina y bóvedas de estilo gótico, altura monumental, un viacrucis enmarcado en plata e incluso una pintura que se atribuye Pablo Rubens pintor Barroco del siglo XVII. La cantidad de exvotos (“milagritos”) acumulados es abrumadora a pesar de que constantemente son reemplazados por piezas recientes. El exterior es de una sobriedad avasallante que marca el periódo de transición entre el barroco y el Neoclásico.
 
Para visitar San Juan de los lagos en el momento del Fervor en que se congregan miles de peregrinos y vivir una fiesta que nació en el siglo XVII y que aún goza de cabal salud hay que hacer reservaciones con mucha anticipación porque el día 02 de febrero, es la fiesta de la Virgen de la Candelaria, principal celebración en el año por lo que el hospedaje está abarrotado.
 
Si bien estos son apenas unos ejemplos de los templos principales, Jalisco cuenta con gran cantidad de iglesias y sitios de interés religioso como para pasar una vida visitándolos. Hay para todos los gustos.